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Las casas y las cosas del matrimonio
Saber distinguir entre
lo esencial y lo anecdótico
  • Si ya tienen la casa completa antes de la boda: fantástico
  • Si no la tienen: fantástico. Ya la conseguirán
Aguascalientes, MÉXICO a 03 de agosto, , 2009

 
 
 
 
 
     
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Por Carlos Fonz
 

En las últimas semanas me han  tocado dos casos de jóvenes que dentro de poco van a ser matrimonios y que son ejemplo de los extremos en el tema de la casa: unos para los que la casa significa prácticamente todo y otros que le conceden una importancia mínima.

Jessica y Luis llevan un año y medio de novios y planean casarse dentro de unos meses. El comentario me lo envía una señora, amiga de la mamá de Jessica, y me dice que  escuchó decir a esta futura esposa que ella, como condición para dar el sí ante el altar, puso el tener una casa instalada con todas las comodidades y con dos personas de servicio, además de las que apoyan eventualmente. Al parecer, el novio aceptó la condición y estuvo en posibilidades económicas de satisfacer el requerimiento porque ya disponen de la casa, de buen tamaño y en un buen fraccionamiento, la totalidad de los muebles se los entregan en cuestión de días y la decoración más los equipos estarán todos antes de la boda.

Mónica y Raúl parecen ser lo contrario: tienen planeadas muchas cosas, con excepción de la casa. Son de la idea de que a última hora encontrarán un pequeño departamento y comprarán los muebles indispensables, pero que no deben preocuparse desde ahora por cuestiones materiales.

Me planteo cuáles de esos novios tienen razón y cuál es la postura correcta. Y la realidad es que en los dos encuentro planteamientos que deben corregirse y ajustarse. Porque lo importante del matrimonio no es contar de antemano con una casa perfectamente terminada, con todo el equipo que se nos ocurra y con personal que ayude en la tarea de limpieza y cocina… pero tampoco es lo ideal el hecho de no pensar en las cosas materiales o darles una importancia mínima, ya que ayudan (y mucho) al buen éxito del matrimonio, pero no son indispensables en él.

Si el matrimonio se  plantea bajo condiciones, mal comienza. Más que repasar  los derechos del uno y del otro, hay que pensar en el proyecto que construyen en común y en ver qué puede aportar cada uno a la realización de ese proyecto. Si preguntamos a cien matrimonios que lleven 30 ó 40 años de casados cómo fueron sus inicios, la mayor parte, un 95%,  les dirán que vivieron en un pequeño apartamento rentado y que poco a poco se fueron haciendo de sus muebles y de sus aparatos, muchos de los cuales conservan todavía ahora y los recuerdan con agrado ya que son fruto del esfuerzo. Por supuesto que con el tiempo, sin duda que pudieron disponer de algo mejor y más adecuado al crecimiento de la familia.

Muchas de las veces, esos matrimonios resultan muy sólidos, ya que se decidieron a edificar desde unos cimientos firmes. Como se ve, lo importante no son los metros cuadrados de espacio, ni que una decoradora les diga qué debe ir en cada espacio de la casa, les compre los muebles, los cuadros y hasta los floreros y ellos se limiten a firmar un cheque.

Aunque tampoco cabe duda de que un espacio para ellos (El casado casa quiere) es mucho mejor que vivir en la casa de los suegros. Y que ese espacio, aunque sea modesto y al alcance de sus posibilidades, debe resultar gratificante, alegre, que los haga sentirse a gusto y que les den ganas de regresar cada día a su hogar, por limitado que esté.

Si ya tienen la casa antes de casarse, ¡fantástico!, pero tengan cuidado de no considerar que es el fundamento de su matrimonio ni de su familia. Es un instrumento, y  nada más que eso. Si no pueden tenerla ahora, ¡fantástico!; trabajen con la ilusión de contar pronto con ese espacio necesario  para que la familia de desarrolle. Lo imprescindible es que haya amor entre ustedes, que sepan que no solamente deciden unirse sino que lo hacen dentro de una institución que tiene sus reglas del juego que no cambian, aunque puedan cambiar los sentimientos y los estados de ánimo de ustedes. Y que esas reglas del juego son pocas y simples:

  • Amarse y respetarse en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad.
  • Estar abiertos a la vida, es decir, recibir los hijos para educarlos y ayudarlos a que también ellos sean felices.
  • Apoyarse en todas las circunstancias de la vida y buscar la propia felicidad, al tiempo que se busca la del cónyuge. Dicen que los boletos para el Tren de la Felicidad se venden solamente en paquetes de dos para aquéllos que son casados.

Disponer de casa equipada o no tenerla, es algo  accidental y hasta anecdótico, pero no forma parte de la esencia del matrimonio.

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