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La Cultura es la estética de la inteligencia

 
 

Petra Llamas García
petrallamasgarcia@hotmail.com
Twitter: @petrallamas

 
Aguascalientes, MÉXICO, a 23 de noviembre del 2011
 

Hoy día, la palabra “cultura” se refiere a todo lo que ha sido realizado por el hombre, tanto en lo individual como en lo social. Pero el significado de la palabra “cultura” ha ido cambiando a lo largo de la historia. En un principio hacía alusión al “cultivo de la tierra”, derivado del latín, cultus, y luego se empleó, como una analogía, para describir el “cultivo” de las facultades intelectuales del ser humano. De esta manera se podía hablar de un hombre “culto” cuando había sido educado en filosofía, arte, literatura, música, humanidades, etc. Y es a esta definición a la que estaré haciendo alusión a lo largo de este artículo.

Según Enrique Rojas*, psiquiatra y escritor español: “La cultura es la estética de la inteligencia”. Afirma también que: “La educación sería como la arquitectura de un edificio y la cultura sería la decoración”. Por su parte, Antonio Caso, filósofo mexicano, consideraba que: “La educación es el arte filosófico por excelencia. Se refiere a la filosofía general como a la ciencia en que indispensablemente se sustenta. Solo los filósofos pueden ser educadores. Es preciso haber optado por alguna de las soluciones posibles de los problemas filosóficos, para proponerse, con fruto, el problema esencialmente artístico de la educación”.

La sociedad actual se caracteriza por la seducción y el encanto que ejercen la ciencia y las nuevas tecnologías en todos los aspectos de la vida y ha llegado a tal grado esta fascinación, que empezamos a tener ya cierto nivel de dependencia que nos inutiliza para resolver algunos problemas, si no contamos con su apoyo. Y la educación no ha escapado a su influencia. Estamos asistiendo al fenómeno de una educación que condiciona su eficiencia a su equipamiento técnico, que está supeditada a las necesidades y requerimientos de la empresa y cuyo currículum maneja conceptos de practicidad, eficiencia y competencia, con lo que empieza a parecerse más a una simple instrucción que a una formación encaminada a “Desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano” tal como señala el artículo 3º de nuestra Constitución.

Este dominio de la ciencia y la técnica sobre las materias humanísticas, se ha ido dando de una manera progresiva y, casi sin darnos cuenta, el currículum escolar ha empezado a prescindir de asignaturas tan importantes como la filosofía y en otros casos se ha empezado a despreciar o ignorar otras asignaturas que se han catalogado de innecesarias o sin utilidad porque aparentemente no tienen ninguna aplicación. Además de todo, se considera que esas asignaturas humanísticas distraen de las actividades escolares y le quitan el tiempo a otros saberes que son más prácticos y provechosos.

No se trata de evitar el estudio de las ciencias y las técnicas, en aras de la filosofía, la literatura, el teatro, la pintura o la música, se trata de compaginarlos. El planteamiento consiste en repensar la educación y construir un currículum armónico, que retome la auténtica formación integral de la que tantas veces se habla. Se trata también de enseñarlos a buscar la sabiduría, la belleza y el arte, porque no todo es utilidad o eficacia.

Los hombres deben ser capaces de dominar la tecnología y seguir avanzando en el camino del progreso, pero deben avanzar igualmente en el conocimiento y la reflexión de las implicaciones éticas que supone dicho progreso. Con la ciencia y la tecnología, el hombre dominará el mundo exterior, pero con la educación y la cultura, enriquecerá y dominará su mundo interior. La Ley General de Educación, en el artículo 2º menciona: “La educación es medio fundamental para adquirir, transmitir y acrecentar la cultura…”

La UNESCO, en 1982, declaró: “...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”.

A la educación le ha faltado ese rasgo humanista. No se puede enfocar en sólo instruir y adiestrar trabajadores para un sistema económico global. Debe preparar y formar, al mismo tiempo, seres humanos completos, con sensibilidad, calidad y valores; y las actividades artísticas, en cualquiera de sus expresiones, son un buen medio que complementa de maravilla el conocimiento tecnocientífico. Y es que la cultura, esa “estética de la inteligencia”, entendida como el cultivo de las facultades intelectuales del hombre, tal vez no tenga una utilidad práctica, pero embellece el espíritu, lo dota de sensibilidad y lo vuelve más humano.

 
 
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