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Las semillas de la
buena sociedad

 
 

Petra Llamas García
petrallamasgarcia@hotmail.com
Twitter: @petrallamas

 
Aguascalientes, MÉXICO, a 08 de noviembre del 2011
 

Cuentan que varios ancianos se reunieron alrededor de una manzana podrida para evaluar si se podría rescatar en ese estado. Todos acordaron que era imposible puesto que la descomposición estaba muy avanzada y lo único que podrían hacer era arrojarla a la basura. Sin embargo, solicitaron el consejo de otro sabio anciano con la finalidad de agotar todas las posibilidades. El hombre aplastó la manzana podrida con la mano y coincidió con sus colegas en que la manzana no podía ser aprovechada, pero mostró a los demás que las semillas estaban en buenas condiciones y podrían ser plantadas para que de ellas crecieran nuevos árboles de manzanas que darían frutas sanas y sabrosas.

Me gusta mucho la metáfora de la manzana podrida, porque representa de algún modo a la sociedad actual, violenta, hedonista, con enormes brechas sociales y llena de injusticias. Una sociedad que pareciera no tener remedio pero que mira a sus niños y jóvenes, como semillas, de las que surgirán mejores personas que construirán un mundo más justo y equilibrado.

Mencionar que los niños son el futuro y la esperanza del mundo se ha convertido en un tópico que aparece de manera constante en discursos y que se pronuncia enfáticamente, como si el simple hecho de verbalizarlo lo convirtiera en una realidad casi palpable. Pero olvidamos que es en el presente cuando se construye el futuro y este presente se está construyendo con demasiada violencia y muerte. Un contexto nada propicio para un porvenir que debiera ser promisorio. 

Hace poco leí una noticia que circuló por múltiples medios de comunicación. Es algo que clama al cielo por el desastre que supone, algo que sólo pensábamos que ocurría en países muy pobres y sumamente atrasados.  Los titulares anunciaban que el crimen organizado estaba reclutando a niños de la calle, entre 12 y 16 años, preparándolos para actividades delictivas y a los que les pagaban unos mil o mil quinientos pesos semanales. ¿Ellos también serán el futuro? Tal vez ni siquiera llegarán a serlo puesto que seguramente morirán antes de tener la mayoría de edad.

Una sociedad no puede permanecer impávida ante estos acontecimientos, puesto que son niños los que están siendo destruidos y con ellos ese “futuro” que con tanto afán se repite una y otra vez en discursos y arengas políticas. Creo que la sociedad debiera estar en posibilidades de proteger a sus menores y proporcionarles lo necesario para que no estén expuestos a este tipo de riesgos. En el artículo 9º de la Declaración de los Derechos del Niño se dice: “El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral”.

 “Para educar a un niño hace falta una aldea”... Este precioso proverbio africano sintetiza el cómo y quiénes son los que intervienen en la educación de los niños y por supuesto que los padres están en el primer lugar de la lista. Es en la familia donde aprenden a socializar y aprenden también, por imitación, sus costumbres y valores. Los padres y demás miembros de la familia están obligados a educarlos con amor, respeto y exigencia y ser siempre un modelo positivo para sus hijos.

La escuela es otro espacio importante donde el niño socializa y se desarrolla, por lo menos en teoría, de una manera integral, y en muchos casos, debe tomar el papel de los padres en ausencia de los mismos. Es el lugar donde aprende el valor del respeto a los demás, del trabajo y de la solidaridad y los maestros también están obligados convertirse en modelos positivos a imitar.

Vivir en sociedad supone saber convivir, dialogar, evitar la violencia, gestionar los conflictos de una manera pacífica y respetar las normas. Todo eso se aprende en la familia y en la escuela principalmente. Aunque ahora también se incorporan a esa “aldea educadora” los medios masivos y las TIC´s, donde no existen demasiados modelos positivos para admirar e imitar.

Si el futuro de la sociedad está en nuestros niños, no bastarán los discursos o las buenas intenciones. Los padres de familia deberán asumir su papel con responsabilidad y firmeza, ser un ejemplo y colaborar incondicionalmente con la escuela de sus hijos. La escuela, por su parte, tiene que formar personas con calidad moral y excelencia académica y sus maestros también deben ser un gran ejemplo para los alumnos. Y los medios, esos grandes “educadores” de masas, tienen que revisar sus contenidos y colaborar en la construcción de una sociedad con valores.

Si el niño necesita de la “aldea” para ser educado, esa “aldea” debe obrar en consecuencia. Proteger y cuidar a los niños con amor, atención y respeto, provocará que ellos, en reciprocidad, nos devuelvan un mundo mejor. Sólo así podremos mencionar que los niños son las semillas de esa manzana podrida que es la sociedad actual, sólo así podremos visualizarlos como ese futuro que nos devuelva la esperanza de un mundo mejor.

El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde” (Gabriela Mistral)

 
 
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